Juegos clásicos adaptables, con motivos de brujas y de halloween, para entrar en temática:
- Quién es Quién (Guess Who?): Es perfecto para rediseñar por completo. Puedes imprimir caras de diferentes brujas y magos con detalles característicos: sombreros puntiagudos de distintos colores, verrugas, narices largas, diferentes tipos de escobas, gatos negros o varitas mágicas. Los niños deberán hacer preguntas como «¿Tu bruja tiene un caldero verde?» o «¿Lleva un gato en el hombro?».
- Jenga: Transforma la clásica torre de madera pintando los bloques con spray negro, morado y naranja. Puedes dibujar con rotulador permanente siluetas de pócimas, lunas crecientes y sombreros de bruja. Si un niño saca un bloque con un dibujo especial, ¡puede recibir un «hechizo» o una penitencia divertida!
- Tres en Raya: Sustituye por completo el tablero de papel por una pequeña cartulina negra simulando un cielo nocturno o una telaraña. Las fichas de los jugadores pueden ser pequeños sombreros de bruja de fieltro contra mini calderos de plástico (que se consiguen fácilmente en tiendas de disfraces).
- El Juego de la Oca: Dibuja un tablero propio en una cartulina grande donde las casillas sigan el camino hacia el «Gran Aquelarre». La casilla de la Oca se convierte en una Escoba Voladora (que te adelanta posiciones), los dados se tiran dentro de un caldero de plástico y las penalizaciones pueden ser «Atrapado en el caldero de pócimas» (en vez del pozo) o «Juicio de brujas» (en lugar de la cárcel).
Juegos modernos infantiles sencillos de tunear
- Dobble (Spot It!): Este juego de agudeza visual es facilísimo de personalizar utilizando plantillas circulares de papel. Puedes crear una versión casera dibujando o pegando stickers de ingredientes para pociones (ojos de sapo, alas de murciélago, setas venenosas), escobas, libros de hechizos y sombreros.
- Virus!: Si ya tienen el juego base, en lugar de usar la expansión oficial de Halloween, podéis camuflar las cartas introduciéndolas en fundas transparentes y metiendo dentro un pequeño dibujo hecho por los niños. Los virus pueden pasar a ser maldiciones, las medicinas se convierten en pociones curativas y los órganos en ingredientes del aquelarre.




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