Berta García Faet (Valencia, 1988) es una de las voces más brillantes, influyentes y personales de la poesía contemporánea en español. Su estilo destaca por la libertad absoluta de la palabra, el uso de juegos lingüísticos y un tono que mezcla de manera inteligente la gravedad con lo «neocursi» o infantil.
Aquí tienes una mirada detallada a su biografía, sus libros principales y una muestra de su obra poética.
Biografía y Trayectoria
Nacida en Valencia, es licenciada en Ciencias Políticas y Humanidades por la Universidad de Valencia. Amplió enormemente su bagaje académico y literario viviendo en ciudades como París, Madrid, Barcelona y Boston, completando además un doctorado en Estudios Hispánicos por la Universidad de Brown.
A lo largo de su carrera ha recibido múltiples galardones de prestigio. El punto de inflexión definitivo en su reconocimiento llegó con su obra Los salmos fosforitos (publicada por la editorial La Bella Varsovia), por la cual se le concedió el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández.
Libros clave de poesía y ensayo:
- Corazón tradicionalista: Poesía 2008-2011 (Recompilación de sus primeros cuatro poemarios).
- La edad de merecer (2015).
- Los salmos fosforitos (2017).
- Una pequeña personalidad linda (2021).
- Corazonada (2023).
- El arte de encender las palabras (2023) — Su aplaudido debut en el ensayo poético.
Poemas de Berta García Faet
Su obra se lee a menudo como una experiencia rítmica y lúdica donde las palabras chocan, se inventan o rompen su estructura lógica.
Fragmento de «Retrato de niño malo sobre fondo silvestre»
(De su libro Corazonada)
Regabas tomateras y te picaban las piernas
y cavabas orificios para quemar insectos.
(…)
Ignoras o ignorabas qué es un acto virtuoso.
Eres bello. Eres lo más bello.
Fragmento de «El lápiz se rompe por dentro como yo»
(Poema independiente / Antologías)
El lápiz se rompe por dentro como yo.
(…)
Todo es profundo.
Fragmento de «Llamémosle rebeldía»
(De La edad de merecer)
y la virginidad por los mismos motivos filológicos
llamémosle rebeldía llamémosle lucidez llamémosle resignación:
(…)
nunca me rendí comprendí todo me rindo, luego escribo.

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