8 de Agosto

OLVIDAR ES UN GERUNDIO

Aníbal Jaisér

Yo quería escribir sobre el mar
como escriben los niños de interior,
hablando de infinitos superpuestos y
de delfines que jamás han visto;
pero hablé de ti.
Hablé de ti porque el agua,
en su empeño de ser voz,
quiso pintarse de verde,
y verdes son tus ojos.
Desistí, fui adulto otra vez.

Yo quería tumbarme en la arena
como el hombre deshabitado
que ha quemado su sonrisa en el desierto
y se ha simplificado en movimiento para no llorar,
pero me tumbé en ti
porque la arena invitó al Sol
a segar su espiga. Él sólo encontró grano dorado
y dorado es tu pelo.
No descansé.

Intenté bucear por los recuerdos dóciles
que no irritan ni intoxican lacrimales,
pero entre los pliegues de mis yoes
siempre susurraba algún tú con acento andaluz.
Y tú eres tú, y tuyo aún es mi cuerpo.
Volví a ahogarme en los vericuetos
de las conclusiones cartesianas. 

Entonces,
si no puedo ser niño que canta,
voy a ser hombre que grita.
Si hemos alquilado al futuro nuestra cama,
subiré la renta, dormiré en el sillón.
Pero todavía no hay ningún calendario
que haya decidido por nosotros cada fecha,
ni habrá silencio que le gane a la caricia.
No puedo jugar conmigo a decirme que no.
Yo te hablaré y cuando todo esté dicho,
diré que te tengo que decir algo más.
No voy a suicidar a la duda.
Aún existes, miras y me oyes;
por eso, aunque ya te hayas ido,
no te vas.

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