Esta gallega de Orense estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y se licenció en Filología Hispánica en la Universitat de Barcelona. Es editora y traductora, pero también es poeta. Fue en el año 2001 cuando publicó su primer poemario, Espejo negro (DVD, 2001), al que le siguieron otros tantos: Bella durmiente (Hiperión, 2004), Desalojos (Hiperión, 2008) Yo, interior, cuerpo. Antología poética (2013), Haz lo que te digo ( Bartleby, 2015), Prensado en frío (Malasangre, 2016) o Sardiña (Chan da pólvora, 2018).
Desde hace, nada menos, que más de dos décadas, Miriam lleva la poesía un paso más allá y combina sus versos con la imagen en otros formatos como el vídeo, en artes escénicas y diversos festivales de nuevas tecnología. Fusiona la escritura audiovisual con el recital multimedia y trata temas que alternan desde sus raíces familiares hasta el frío de la soledad.
I
Ensayamos formas de remendar
lo que podría sufrir desgarro
Detenido en el vano de la puerta
tiembla el cuerpo presintiendo
Del punto que atravesaría el anzuelo
gotea vaticina y desmaya la sangre
II
He proyectado sobre mi exigua experiencia de ti
mis experiencias de otros
El primer trecho es hermoso:
los pulmones los ojos el corazón y el sexo
se inflaman palpitan y aplauden
vibra el cerebro y resplandece
Avanzaba por ese camino
suspendida sobre las cabezas como lengua de fuego
cuando he recordado adonde podría conducir
ya sabes: a ese lugar de dolor insoportable
No es extraño que a menudo se elija pasear por un parque
existiendo la posibilidad de perderse en un bosque
¿verdad?
Espero que se entienda: quiero decir: tú eres un bosque:
difícil encontrar un claro en ti
y sentarse
difícil no tener miedo en ti
cuando llega la noche y todo es aullido
III
Y aún así (o precisamente por eso) lo haría
pasaría la noche en lo frondoso
dejando a la vida subirme por las piernas
picarme morderme cagarme encima
los dientes la zarpa el aguijón de la vida
el olfato húmedo la fruta rompiendo en mi cabeza

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